Cómo llegué a la medicina integrativa

La medicina integrativa llegó a mi vida por una necesidad profunda de despertar de una medicina que muchas veces sentía desconectada de las personas.

Durante años busqué una forma más humana, consciente y completa de acompañar la salud. Pero antes de acompañar a otras personas, tuve que recorrer mi propio camino.

Cuando empecé a cuestionarme la medicina que conocía

Elegí estudiar medicina porque siempre sentí una profunda vocación por ayudar a los demás. Me fascinaba el cuerpo humano y la posibilidad de acompañar a las personas en algunos de los momentos más importantes de sus vidas.

Sin embargo, al comenzar a trabajar dentro de la medicina convencional, empecé a sentir que algo faltaba.

Muchas veces las consultas eran demasiado breves para comprender realmente lo que estaba ocurriendo. Los síntomas se abordaban de forma aislada y, con frecuencia, sentía que no disponíamos del tiempo necesario para entender la historia completa de quien teníamos delante.

No era una cuestión de falta de profesionalismo o compromiso. Era una sensación más profunda: la de estar observando solo una parte de la realidad.

Comencé a preguntarme si existía otra forma de ejercer la medicina. Una forma donde la escucha, el contexto y la individualidad de cada persona tuvieran más espacio.

Sin darme cuenta, ya había comenzado mi búsqueda.


Viajar me ayudó a mirar el mundo de otra manera

Nací en Mar del Plata, Argentina, una ciudad costera que marcó profundamente mi forma de sentir la vida.

El mar, la naturaleza, los amaneceres y los atardeceres siguen siendo algunos de los lugares donde más conecto conmigo misma.

Desde muy joven sentí curiosidad por conocer otros lugares, otras culturas y otras maneras de entender el mundo.

Con el tiempo llegaron los viajes y también las migraciones.

Uno de los momentos más transformadores de mi vida fue vivir en Australia.

Alejarme de todo lo conocido me permitió observar mi vida desde otra perspectiva. Empecé a cuestionar muchas ideas que hasta entonces había dado por sentadas y a abrirme a nuevas formas de entender la salud, el bienestar y el propio sentido de la vida.

A veces necesitamos salir de nuestro entorno para poder ver con claridad aquello que siempre estuvo delante de nosotros.

Mi propio proceso de transformación

Durante esa etapa también comencé a observarme de una manera diferente.

Me di cuenta de que había normalizado muchos síntomas, hábitos y formas de vivir que no necesariamente tenían que formar parte de mi realidad.

Comprendí que sentirnos cansados todo el tiempo, vivir desconectados de nuestro cuerpo o convivir con ciertos malestares no siempre es algo que debamos aceptar como normal.

Poco a poco empecé a interesarme más por la alimentación, el descanso, el movimiento, la gestión del estrés y la relación que existe entre nuestra forma de vivir y nuestra salud.

Y fue entonces cuando entendí algo que hoy sigue guiando mi trabajo:

El cuerpo siempre está intentando comunicarse con nosotros.

La cuestión es si estamos dispuestos a escucharlo.


El descubrimiento de la medicina integrativa

En medio de esa búsqueda apareció la medicina integrativa.

Y sentí que algo encajaba.

Por primera vez encontraba una forma de ejercer la medicina donde el tiempo, la escucha y la individualidad de cada persona eran fundamentales.

Una medicina que no se limitaba únicamente al síntoma, sino que también tenía en cuenta la alimentación, el descanso, el estrés, las emociones, el sistema nervioso, los hábitos y la historia personal.

Una medicina que entendía que no somos solamente un conjunto de órganos funcionando de manera independiente.

Somos experiencias, relaciones, emociones, creencias, entorno y estilo de vida.

Todo influye en nuestra salud.

Y todo merece ser escuchado.


Entender el cuerpo como un todo

Con el tiempo continué profundizando en esta visión y actualmente sigo formándome en Psiconeuroinmunología Clínica (PNI).

Esta disciplina estudia la relación entre el sistema nervioso, el sistema inmune, las hormonas, el metabolismo y el entorno en el que vivimos.

Lo que más me apasiona de este enfoque es que deja de mirar los síntomas de forma aislada y comienza a observar las conexiones.

Porque el cuerpo no funciona por compartimentos.

La digestión influye en las hormonas.

El estrés influye en el sistema inmune.

El descanso influye en la inflamación.

Las emociones también tienen un impacto en nuestra fisiología.

Todo está conectado.

Y cuando comprendemos esas conexiones, muchas cosas empiezan a cobrar sentido.


El yoga también transformó mi forma de entender la salud

Durante este proceso apareció otra herramienta que transformó profundamente mi vida: el yoga.

Primero llegó como una práctica personal.

Después se convirtió en una forma diferente de relacionarme con mi cuerpo, con mi respiración y conmigo misma.

Con el tiempo viajé a India para formarme como profesora de yoga y profundizar aún más en esta filosofía.

El yoga me enseñó algo que hoy también veo constantemente en consulta: muchas veces el cuerpo sabe cosas que la mente todavía no ha comprendido.

Nos invita a bajar el ritmo.

A observar.

A sentir.

A volver a estar presentes.

Y eso también forma parte del proceso de sanar.


Así nació Despertar

Todo este recorrido terminó dando forma a lo que hoy es Despertar.

Un proyecto que nace tanto de mi experiencia profesional como de mi propia historia personal.

Despertar nace de la necesidad de ejercer una medicina más humana, profunda y consciente.

De la convicción de que cada persona merece ser escuchada en su totalidad.

Y de la certeza de que existe una forma más amorosa y personalizada de acompañar los procesos de salud.


Lo que creo hoy

No creo en soluciones rápidas.

No creo en protocolos idénticos para todo el mundo.

No creo que los síntomas aparezcan porque sí.

Creo en una medicina que escucha antes de intervenir.

Creo en la importancia de comprender el contexto completo de cada persona.

Creo que sanar requiere tiempo, compromiso y acompañamiento.

Y creo profundamente que todos somos capaces de sanar cuando aprendemos a escuchar lo que el cuerpo intenta comunicarnos.

Muchas veces el cuerpo no está fallando.

Simplemente está intentando llamar nuestra atención.


Si conectas con esta forma de entender la salud y te gustaría descubrir cómo trabajo en consulta, puedes conocer más sobre mi enfoque aquí.

 
 

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